El Madrid tiene el problemay la solución en la cabeza

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En el Estadio de la Cerámica hubo dos versiones del Madrid. Tras mucho meditar es solo una cuestión de aptitud, un problema de cabeza, de afrontar los partidos. Una duró una hora y fue la versión mala, la del equipo indolente y al que los rivales le miran de tú a tú. Incluso están por encima. Es el equipo que se complica la vida, que deja que los rivales centren a placer, y como son profesionales y viven de esto no desmerecen las dádivas.

La otra versión es la que nos encandila, la de que se juegue mejor o peor es un equipo competitivo, que tiene orgullo y busca la victoria sin miedo. Duró media hora y para activarla tuvo que estar por debajo del marcador por 2-0. En ello tuvo mucho que ver que Zidane introdujera en el campo a Isco. El malagueño dinamizó el equipo y repartió juego a diestra y siniestra. Carvajal y Marcelo lo agradecieron.

La visita a Villarreal puede que fuera el partido más complicado de la temporada. Lo era porque es el único que jugamos fuera contra un equipo en plaza europea de todos los que quedan. El resto de rivales pasarán por el Bernabéu. Eso no quiere decir que los partidos estén ganados. Obviamente sufriremos, porque el Madrid no está en plan imperial. Lo pasaremos mal fuera y en casa. Pero el equipo, tanto en Mestalla como en Villarreal, ha demostrado capacidad de reacción. El miércoles no llegó a su término y ayer en 20 minutos dio la vuelta al partido.

 

Veinte minutos de vértigo

La primera parte fue la de dos boxeadores que se tantearon con mucho miedo. Con pánico a perder. Lanzaron algún guante como un tiro de Mario bien contestado por Navas o una buena reacción de Asenjo a un remate de cabeza mordido de Benzema en la que se lesionó el meta amarillo. Los locales fueron más incisivos y Jonathan dos Santos y Samu Castillejo también rondaron el gol. Con decir que la mejor jugada blanca, protagonizada por Kroos y Benzema, llegó en el último minuto…

Tras el descanso Benzema volvió a demostrar que necesita muchas ocasiones en el área para marcar. Como solo tuvo dos se fue sin anotar. En la segunda mandó el balón mansamente a las manos de Andrés Fernández tras una buena internada de Bale. La poca decisión en ataque se convertía en mala concentración en defensa y así nos fue. El galés y Carvajal permitieron a Adrián pensar en el área. El atacante amarillo centró, Marcelo medio despejó y el balón le quedó a Manu Trigueros para volear contra el suelo y alojar el balón en las mallas.

Era el minuto 50 y seis después Bakambu le ganó el cuerpo a cuerpo a Sergio Ramos y definió con un tiro ajustado ante Keylor. Las sonrisas en la Ciudad Condal eran de oreja a oreja. En Can Barça seguro que ya soñaban con definir dentro de unas semanas otra Liga en el Bernabéu. Se veían dependiendo de sí mismos. Pero no, tendrán que esperar. Si algo tiene el Real Madrid es, cuando se ve entre la espada y la pared, agallas.

Salió Isco por Casemiro y el Madrid empezó a carburar. El gol no llegó en la primera ocasión que hubo. Cristiano se topó con el palo en una volea que, tras dar en el muslo de Andrés Fernández, Benzema mandó a las nubes. Tercera ocasión fallada por el francés. Se espera su gol en la siguiente acción que disfrute.

 

Dos de tres de cabeza

En el minuto 64 Isco ejerció de director de orquesta. Primero habilitó la banda izquierda con Cristiano. La jugada no fue más allá de un centro al área que fue despejado a la frontal. El malagueño recogió la pelota, habilitó a Carvajal y el lateral puso otro centro medido. Bale no lo desprovechó con la testa.

El Madrid estaba desatado y Cristiano pudo igualar en una dejada de su socio Benzema, pero el tiro se fue fuera. En el 71 llegó la jugada del partido. Un penalti por manos de Bruno, muy protestado por el Villarreal. Lo único evidente es que si eso ocurre en el área blanca y no se pita ya se pueden imaginar lo que se diría. Bruno no quería hacer mano, pero su brazo estaba arriba y cortó un rechace proveniente de un compañero. Esto es fútbol. De la misma manera que el linier no vio el milimétrico fuera de juego de Bakambu en su gol, es lícito que Gil Manzano decretara lo que interpretó: penalti. Cristiano lo solventó con fuerza.

Quedaban 15 minutos y llegó el turno de Morata. Salió en el minuto 77 y en el 83 remataba de cabeza otro servicio fenomenal desde una banda, en este caso de la de Marcelo. La jugada se inició en un robo de Isco y tampoco Andrés Fernández, el meta amarillo, estuvo expeditivo. Manos de mantequilla por mucho que el remate fuera a bocajarro.

Luego Morata desperdició en el descuento otra ocasión, pero daba igual, los tres puntos ya estaban en el zurrón. El Madrid había vuelto a la cabeza de la clasificación, mantiene la ventaja del comodín y descuenta una jornada más de Liga. Si de aquí a final de temporada el equipo muestra la cara y la cabeza del segundo tiempo el título está cerca. Si se muestra la del primero, los despites, mala concentración y mala disposición mental, mal vamos.

 

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