Luis Enrique, ¿qué hicimos para que nos desprecies?

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Barcelona's coach Luis Enrique reacts during a Champions League, Group C soccer match between Barcelona and Manchester City, at the Camp Nou stadium in Barcelona, Wednesday, Oct. 19, 2016.

Luis Enrique, se te ha quedado cara de acelga. Tendrías que sonreír más. Muchos se cambiarían por ti. Por dirigir al segundo mejor equipo del mundo. No pasa nada por mostrar la dentadura. ¡Ah!, como es blanca, quizás no lo haces por eso. Una espina se te quedó clavada. ¿Qué hicimos para que nos desprecies?… Se pregunta más de un madridista. No triunfaste en la Casa Blanca. Quizás sea esa la causa por la que desprecias tu pasado merengue.

Eras un futbolista de gran proyección. Pero el peso de la púrpura te venció. Te quedaste en el camino. No entraste en el selecto club de los elegidos. Por lo menos, puedes presumir de haber vestido la camiseta madridista. Perdón si te he ofendido. Pero es real. Te la pusiste. La defendiste. Con ardor y sentimiento. Hay pruebas.

Tu indiferencia cuando te mencionan al Real Madrid resulta insultante. ¿Qué hicimos para que nos desprecies? Uno entiende que no te queda otra cosa que hacer tu papel. Te toca sobreactuar. No triunfaste de blanco. Eres entrenador del Barça y no te queda otra que poner cara de póker y negarle un calificativo positivo sobre cualquier cuestión de temática blanca. Sabes que no debes hacerlo. Se te caería todo el equipo. Me refiero al archifamoso entorno culé.

 

Luis Enrique, sorprendiste en el Madrid por ser un comodín de lujo

En el Madrid valoraron tu capacidad de compromiso. Tu polivalencia. Ser chico para todo. Un comodín de lujo. Un diésel. Un día te ponían de lateral, otros de interior y de delantero.  Y rendías. Tus ganas por ponerte la camiseta blanca te delataban. Tu sueño por triunfar de blanco te mantenía vivo. Pero no pudo ser. Quizás sea la causa por la que desprecias al Madrid.

<<La mejor coartada para el asturiano fue fichar por el Barcelona>>

Te llegó la mejor coartada. Fichar por el Barça. Ahí viste el cielo abierto. Un día después de caer eliminado el Madrid ante la Juventus en la Copa de Europa decidiste emplear el día libre para pasar en la capital un reconocimiento médico con los azulgranas. A la luz del día. Te pillaron con las manos en la masa y la tomaste con un fotógrafo. Le rompiste la cámara. Mal estilo. Por la elección de la fecha para ir de médicos para acelerar tu fichaje por el Barça y por tu acción con un profesional que hacía su trabajo. Algo que no hiciste tú. Pues todavía te debías al Real Madrid.

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Luis Enrique durante un PSG-Real Madrid de la UEFA 1993

 

Luis Enrique, debiste tomar ejemplo de Michael Laudrup

Tu imagen se deterioró por este suceso. La masa social madridista te puso la cruz. Luego se acentuó con tu antimadridismo  exacerbado. Mira que tuviste a Michael como compañero. Debiste de tomar ejemplo de él. Un caballero. No se sonrojó ni renegó su pasado azulgrana.

<<¡Cómo disfrutaste de blanco dando la vuelta de honor en el Camp Nou en la Supercopa de 1993!>>

Tú, en cambio, menudo cambio pegaste. Diste la vuelta como un calcetín. ¡Cómo te motivaba enfrentarte al Madrid! Y no escatimabas ningún postureo para sacar a relucir tu sed de venganza. Tenías una espina clavada. No haber triunfado en el Madrid. Por eso, desprecias tu pasado blanco.

Debiste ensayar mucho en silencio en la antigua Ciudad Deportiva la forma de cómo celebrar un gol al Real Madrid. Te dedicaron un cántico en la zona ultra que luego pasó a ser coreada por una buena parte del estadio. Te lo buscaste. Un futbolista que ha jugado en los dos grandes no debe prestarse a hacer el macarra y a entrar en el juego de los entornos. Debe quedar por encima.

<<Y cómo te volviste loco al correr extasiado tras el 4-0 al Barça en el 95>>

Luis Enrique, sigue con tu cara de acelga. Sigue renegando de tu pasado blanco. Aquí recordamos tu vuelta de campeón de la Supercopa en el Camp Nou en el 93. ¡Cómo disfrutaste! Como dos años después tras anotar el 4-0 al Barça en el Bernabéu. Corriste como un loco. De pura felicidad. Extasiado. Quedaba un gol para sellar la venganza de la manita del año anterior. Luego, ya real, la celebraste por todo lo alto y sin tapujos como el resto de madridistas. Te fundiste en un abrazo con Amavisca, el autor del 5-0. Luego llegó Zamorano y os abrazasteis los tres. ¡Qué imagen para la posteridad!

Un año después te tocó hacer las maletas. Cogiste el puente aéreo. Ahí empezó tu resentimiento y desprecio exacerbado hacia el Real Madrid.

 

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