Camacho y Chendo, precedentes de la misión de Nacho

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Camacho, Pérez García y Chendo, precedentes de la misión de Nacho

Salvo sorpresa, Zidane alineará a Nacho el miércoles ante el PSG. Le espera al defensa una misión histórica: marcar a Neymar, el futbolista más caro de la historia. En el recuerdo de los veteranos aficionados blancos hay tres marcajes que no son solo historia blanca. Son historia del fútbol. Hablamos de los de Camacho a Cruyff, Chendo a Maradona y Pérez García a Keegan. Como Neymar, más o menos, todos se presentaron en el Bernabéu con un halo terrorífico y se fueron más secos que la mojama tras el trabajo de los zagueros blancos.

El de Cruyff se produjo un 5 de enero de 1975. Un año antes el Barcelona nos había ganado 0-5 en un curso en el que acabamos octavos. En esta ocasión íbamos líderes con tres puntos de ventaja, pero el azulgrana acababa de recibir su tercer balón de oro y en verano había sido subcampeón del mundo. Miljan Miljanic pensó que lo mejor para anularle era un marcaje al hombre. La misión se la enconmendó a Camacho, que contaba con 19 años y se había hecho con la titularidad del costado izquierdo en su primer año completo en la plantilla.

El aguerrido lateral de Cieza tenía una orden y la cumplió a rajatabla. Se pegó al holandés, a no más de un metro, siendo su sombra por todo el campo. Si pasaban el balón al culé ahí estaba la anticipación de Camacho. Fuerte y enérgico pero noble, si alguna vez Cruyff lograba regatearle, recuperaba con celeridad la posición. El azulgrana cada vez reculó más hacia su campo. A los diez minutos ya se le podía ver por la cueva defensiva para tocar bola e intentar armar el juego. En ciertos momentos parecía un calco del marcaje de Vogts en la final del Mundial.

Camacho: “No tenía nada que perder”

Más gesticulante y protestón de lo habitual, terminó amonestado con una tarjeta blanca (el color de las amonestaciones por entonces) a los diez minutos del segundo tiempo. Hubo momentos hasta cómicos. Cruyff se alejaba del juego buscando aire, pero a su lado siempre estaba Camacho, que resumió el partido con un sincero y llano “No tenía nada que perder. Yo era un chiquillo y Cruyff el mejor jugador del mundo”.

Otra decisión de Miljanic, ante la ausencia de Pirri, fue jugar con Del Bosque como líbero junto a Benito. Precisamente el central fue el encomendado de continuar la labor de marcaje en la segunda parte cuando Cruyff se puso de ariete y Camacho se hizo cargo de Clares, que jugó el cuarto de hora final. El Madrid, que se adelantó al filo del descanso con un gol de Roberto Martínez, ganó el partido.

Chendo y el espectador Maradona

El marcaje de Chendo a Maradona data del 16 de septiembre de 1987. El sorteo de la Copa de Europa, sin condicionantes, nos emparejó al Nápoles en la primera ronda, con la ida en el Bernabéu. Un campo, por cierto, sin público tras los incidentes ante el Bayern de la campaña anterior. La mayor preocupación de Beenhakker era el astro argentino. Pero tenía a Chendo, que con 26 años ya se las había visto con Rummenigge o Platini. Pero el Pelusa era otra cosa, lideraba un equipo que había destronado a los grandes del norte italianos –había hecho doblete- y esperaba extender su dominio por Europa.

El Madrid entendió mejor los condicionantes del partido mientras que el trabajo de Chendo quedó resumido en el titular de la Gazzeta: “’Maradona fue el único espectador’. Y precisamente no fue espectador si no víctima de la jugada más famosa de aquel día. Aquella en la que Chendo le tiró un caño al argentino para salir de una esquina. La acción no fue limpia –el balón se quedó entre las piernas del 10- ni tuvo mayor trascendencia en el juego –acabó en saque de banda a favor de los napolitanos-. Pero demostró hasta qué punto Chendo estaba centrado en el partido.

Para la leyenda queda la frase de Valdano sobre dicha jugada: “era como ver pájaros disparando a escopetas”. Más importante fue el resumen que con el tiempo hizo el propio Maradona: “Jamás me marcaron tan bien, sin darme ni una sola patada”.

De Segunda a secar a un Balón de Oro

Entre estos dos marcajes hay otro que se ha ido olvidando con el tiempo. Quizá porque el protagonista, Pérez García, no tuvo el recorrido de sus compañeros. Pero su misión fue la más difícil de todas. El canterano debutó con el primer equipo cuatro días antes del 9 de abril de 1980 cuando Vujadin Boskov le encomendó ser el secante de la mayor estrella del fútbol en aquel momento. Hablamos del inglés Kevin Keegan, ganador del Balón de Oro de 1978 y 1979, que se presentaba en el Bernabéu con el Hamburgo en la ida de las semifinales de la Copa de Europa, cuya final se iba a jugar en nuestro estadio.

El Madrid ganó 2-0, pero en la vuelta del Volparkstadion caímos 5-1. En ambos partidos el canterano fue el designado para anular al 7, pero fue el primero el que pasó a la historia, aunque el protagonista no tiene un gran recuerdo del mismo: “Fue el partido más desagradable, entre comillas, de jugar, estando todo el partido pendiente solo de que un jugador no que el balón. No se lo deseo ni al que lo hace ni al que lo recibe”.

Gilera, en la crónica de ABC, definió el marcaje: “Keegan quiso desmarcarse, retrasó posiciones, se escoró a las bandas. Todo inútil. Si se hubiera ido al bar a tomarse un café, el rubito se hubiera tomado otro”. La vuelta fue otra historia. A los diez minutos el lateral había hecho penalti sobre el inglés y empezó el derrumbe blanco.

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